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El pasado 18 de abril, el singular Pasaje Rivarola se convirtió en escenario de la salida número 178 de los Croquiseros Urbanos, un colectivo que desde hace más de quince años retrata la identidad arquitectónica de Buenos Aires a través del dibujo.

Ubicado en pleno barrio de San Nicolás, entre las calles Talcahuano y Uruguay, y conectando Bartolomé Mitre con Juan Domingo Perón, este pasaje escondido sorprende por su atmósfera europea. Conocido también como “Calle Espejo”, su estética refinada y su impecable simetría evocan una postal parisina en pleno centro porteño.

Quiénes son los Croquiseros Urbanos

Los Croquiseros Urbanos son una comunidad abierta integrada por artistas, arquitectos, estudiantes, diseñadores y amantes del dibujo que se reúnen mensualmente para registrar la ciudad a mano alzada. A través de técnicas como lápiz, tinta, acuarela, carbonilla y marcadores, transforman calles, plazas, edificios y rincones emblemáticos en obras únicas.

Desde 2010, el grupo viene recorriendo Buenos Aires con una mirada sensible y detallista, combinando arte, patrimonio y encuentro ciudadano. Cada salida es una invitación a redescubrir la ciudad, detenerse en sus formas y valorar aquello que muchas veces pasa desapercibido en la rutina cotidiana.

Un pasaje con historia

La historia del Pasaje Rivarola comenzó en 1924, cuando la Compañía de Seguros La Rural encargó su construcción a un equipo de arquitectos e ingenieros. El proyecto dividió la manzana en dos hileras de edificios idénticos enfrentados entre sí, coronados por cúpulas con miradores en las esquinas.

Finalizado en 1926, originalmente fue bautizado como Pasaje La Rural. En 1957 adoptó su nombre actual en homenaje a Rodolfo Rivarola. Su estilo Beaux Arts —tan característico de la Buenos Aires de principios del siglo XX— se expresa en cada detalle: fachadas color piedra París, techos de pizarra, balcones de hierro trabajado y marcos de bronce.

No es casual que el lugar haya cautivado a los Croquiseros Urbanos. La rigurosa simetría del conjunto, la perspectiva perfecta de su trazado y la riqueza ornamental de sus edificios representan un desafío ideal para quienes observan la ciudad con lápiz en mano.

Patrimonio vivo en el corazón porteño

Como tantos espacios históricos, el pasaje atravesó años de deterioro. Sin embargo, el impulso de vecinos, comerciantes y su condición de Área de Protección Histórica permitieron recuperar su esplendor.

Hoy conviven allí propuestas culturales y comerciales que revitalizan la zona sin alterar su esencia: la librería Asunto Impreso, el Café Rivarola, el Museo de la Mujer y la reciente apertura de Colección Rivarola: El Local, una nueva galería de arte inaugurada en marzo de 2026.

A casi cien años de su inauguración, el Pasaje Rivarola mantiene intacto su encanto y suma ahora una nueva distinción: haber sido elegido por los Croquiseros Urbanos como una de las postales dibujadas de Buenos Aires. Porque cuando una ciudad inspira a ser retratada, confirma que su belleza sigue viva.