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Detrás de la artista visual que hoy vive de su obra desde hace siete años, existe una trayectoria múltiple, inquieta y profundamente resiliente. El lado B de Vane Amenábar no es una faceta escondida, sino el entramado de experiencias que hicieron posible su presente creativo.

Autodidacta en el arte, aunque formada también en clínicas, talleres y espacios de perfeccionamiento, Vanesa llegó a la creación después de haber transitado caminos muy diversos. Es técnica en comercio exterior, licenciada en administración y trabajó en distintos rubros antes de dedicarse de lleno a la producción artística. Incluso desarrolló su propia marca textil, Enyhíti —palabra húngara que significa “aliviar”—, donde diseñaba prendas, realizaba moldería y construía una identidad estética propia mucho antes de reconocerse plenamente como artista.

Su historia está atravesada por el movimiento: nació en Mendoza, creció entre Río Negro y Neuquén y lleva más de quince años viviendo en Buenos Aires. También por la reinvención constante: se formó en coaching ontológico, programación neurolingüística, brindó capacitaciones en comunicación en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas, estudió diseño de interiores y se certificó como terapeuta floral con respaldo del Instituto Bach de Inglaterra.

Pero quizás uno de los datos más reveladores de su lado B aparece en la infancia. Desde los ocho años estudió piano en la Escuela Superior de Música de Neuquén, con una formación orientada al profesorado. Fueron años de disciplina, sensibilidad y entrenamiento artístico que, aunque no derivaron en una carrera musical, dejaron una marca profunda en su manera de mirar, sentir y crear.

Más de veinticinco mudanzas, estudios costeados por ella misma y una permanente voluntad de superación moldearon una personalidad perseverante, curiosa y autónoma. En Vanesa, el lado B no contradice al lado A: lo explica. Porque cada oficio, cada búsqueda y cada desvío fueron, en realidad, la materia prima de la artista que es hoy.

Ese recorrido comenzó a tomar una nueva forma en 2019, cuando empezó a realizar instalaciones para vidrieras desde el ámbito corporativo. Ese trabajo, inicialmente ligado al diseño y la intervención espacial, fue empujándola de manera natural hacia el desarrollo de una práctica artística visual propia. Aunque se reconoce autodidacta, Vanesa también atravesó un proceso de alfabetización dentro del mundo del arte, combinando experiencia práctica con formación y observación constante.

Con el tiempo, esa exploración derivó en muestras, exposiciones y distintas series de obras. Desde 2023 forma parte del staff de la galería Sasha D, espacio que impulsó la circulación de su trabajo en ferias de distintas provincias como Mendoza, Córdoba, Salta y Corrientes. Esa expansión permitió que su obra llegara a coleccionistas, colegas, clientes y también a directores de museos, quienes comenzaron a convocarla para exposiciones individuales y colectivas.

En paralelo, su trabajo recibió diversos reconocimientos y selecciones dentro del circuito artístico, especialmente en el campo del arte textil, consolidando una identidad visual propia y sensible. Hoy, acompañada por el respaldo de la galería, el apoyo de coleccionistas y una comunidad que sigue de cerca su crecimiento, Vanesa Amenábar puede afirmar que vive y trabaja del arte. Y quizás ahí esté la síntesis perfecta de su historia: una artista construida a partir de todas sus versiones anteriores.