Lo que comenzó como una curiosidad durante una visita guiada al Palacio Barolo terminó transformándose en uno de los proyectos gastronómicos y culturales más singulares del microcentro porteño. Detrás de Café Rivarola están Gabriela Wieszort, médica pediatra, y Christian Lorences, ingeniero, una pareja que decidió convertir una fantasía compartida en una realidad.
Aunque vivían a apenas tres cuadras del Pasaje Rivarola, no lo conocían. Fue durante una recorrida por el Palacio Barolo cuando, desde una de sus terrazas, descubrieron las cuatro cúpulas del histórico pasaje. La imagen despertó la curiosidad y, apenas terminó la visita, decidieron acercarse a conocerlo.
El flechazo fue inmediato. Además de enamorarse de la arquitectura y del clima del lugar, advirtieron que no existía allí ninguna propuesta gastronómica.
“Siempre fantaseábamos con tener un café, aunque nuestras profesiones no tuvieran nada que ver con ese mundo. Era un sueño que aparecía en nuestras conversaciones una y otra vez”, recuerda Gabriela.
Convencidos de que algún día podría surgir una oportunidad, comenzaron a seguir de cerca la disponibilidad de los locales del pasaje. Incluso configuraban alertas para enterarse si alguno quedaba libre. La oportunidad apareció en Rivarola 154, donde hoy funciona el café. Durante la pandemia el espacio había sido utilizado como depósito y se encontraba muy deteriorado. Sin embargo, el mayor desafío parecía ser otro: los vecinos aseguraban que era imposible desarrollar allí un proyecto gastronómico.
Antes de desistir, decidieron investigar. Con la ayuda de una gestora revisaron la normativa vigente y comprobaron que no existía ningún reglamento que prohibiera la instalación de un café en el pasaje. Ese hallazgo fue el punto de partida.
Siguieron siete meses de obra, inversión de los ahorros familiares y una enorme dosis de aprendizaje. El proyecto fue tomando forma sin que ninguno de los dos abandonara su profesión: Gabriela continúa ejerciendo como pediatra y Christian como ingeniero, mientras ambos gestionan el café.
“No veníamos del mundo gastronómico. Todo fue aprender haciendo, resolver problemas sobre la marcha y confiar en que el proyecto tenía sentido. Hoy seguimos creciendo sin dejar nuestras profesiones, pero con el mismo entusiasmo del primer día”, señala Wieszort.
Café Rivarola abrió sus puertas el 24 de noviembre de 2023 y se acerca a celebrar su tercer aniversario. En ese tiempo logró consolidarse no solo como un lugar para tomar café, sino también como un punto de encuentro para la vida cultural del pasaje.
Ese perfil se fortaleció especialmente a partir del impulso de Mariela Ivanier, directora de VERBO, quien contribuyó a promover una programación que hoy incluye ciclos de charlas literarias coordinadas por Susana Mitchell, presentaciones de muestras de arte, conciertos y diversas actividades culturales.
“Nos entusiasma que el café haya encontrado también ese otro lugar: el de convertirse en un espacio donde la gente se reúne para compartir cultura, conversar y descubrir artistas. Sentimos que eso completa el espíritu con el que imaginamos este proyecto”, concluye Gabriela Wieszort.