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En Buenos Aires, donde muchas propuestas gastronómicas parecen hablar un mismo idioma, Casa República eligió construir un relato propio: contar la Argentina desde sus sabores, sus productos, sus productores y sus tradiciones. El proyecto funciona en el Palacio Peña, una de las residencias privadas más representativas de la arquitectura de inspiración francesa de comienzos del siglo XX. Ubicado en Florida 460 y proyectado por el arquitecto Julio Dormal, el edificio fue construido entre 1896 y 1902 como residencia de la familia Peña y, desde 1923 hasta 2020, fue sede de la Sociedad Rural Argentina.

Después de un profundo proceso de recuperación patrimonial, inicia ahora una nueva etapa como Casa República, recuperando su vocación de espacio de encuentro. El edificio no es, entonces, un simple escenario para la propuesta: forma parte de su identidad. El Palacio Peña es un destacado exponente del academicismo francés, con mármoles, pisos de maderas nobles, boiseries, vitrales, molduras, herrería artística, arañas de cristal y carpinterías originales. Su arquitectura fue concebida como una obra integral, donde cada ambiente, material y objeto formaba parte de un conjunto armónico.

El Gran Hall, la escalera de honor y los antiguos salones de recepción fueron pensados para acompañar los rituales sociales de la época y convertir el recorrido por la casa en una experiencia. Más de 120 años después, muchos de esos elementos sobreviven y fueron recuperados como parte de la puesta en valor. Esa historia también explica el vínculo entre el Palacio y la Argentina que Casa República busca representar. La residencia nació durante la llamada Belle Époque argentina, en un período de expansión económica, crecimiento agropecuario, llegada masiva de inmigrantes y transformación urbana de Buenos Aires.

La familia Peña, vinculada al desarrollo agropecuario y a la vida económica del país, construyó una casa que reflejaba aquel momento de prosperidad y la mirada de una sociedad que encontraba en Europa un modelo de modernidad. Décadas más tarde, el edificio se convirtió en sede de la Sociedad Rural Argentina y durante casi un siglo acompañó debates, reuniones y acontecimientos vinculados con el desarrollo agropecuario nacional. Sobre ese patrimonio se construye hoy una experiencia gastronómica que propone recorrer el país desde la mesa. La cocina fue pensada como patrimonio vivo: una gastronomía argentina contemporánea basada en el respeto por el producto nacional, los oficios y las historias detrás de cada ingrediente. La selección reúne productores, bodegas y marcas de distintas geografías, con vinos que permiten viajar desde Jujuy y Córdoba hasta Mendoza, San Juan y la Patagonia, además de productos y bebidas que forman parte de una misma curaduría.

Al frente de la cocina está Nicolás Raimundo, mientras que Sebastián Raggiante participó como chef consultor en el desarrollo conceptual y gastronómico del proyecto. La idea de representar la Argentina se extiende más allá de la gastronomía. Casa República propone que arquitectura, cultura, arte y encuentros dialoguen en un mismo espacio. En los salones donde alguna vez se desarrollaba la vida social de la familia Peña, y luego tuvieron lugar reuniones institucionales, vuelve a haber personas, conversaciones y nuevas experiencias. Esa continuidad resulta especialmente significativa: el objetivo de la recuperación no fue solamente restaurar un edificio histórico, sino devolverlo a la vida cultural y social de Buenos Aires, respetando su identidad patrimonial.

Como plantea el propio proyecto, las raíces no se exhiben como piezas de museo: las tradiciones vuelven a dialogar con el presente. Quizás allí esté la verdadera singularidad de Casa República. No se trata solamente de un restaurante dentro de un palacio histórico, sino de una casa que vuelve a cumplir, con un lenguaje contemporáneo, aquello para lo que fue concebida hace más de un siglo: ser un lugar de encuentro.

Una propuesta que reúne gastronomía, patrimonio, cultura y producción nacional para contar un país diverso, federal y en permanente transformación. La invitación es simple y, a la vez, ambiciosa: entrar a Florida 460 pensando en comer, tomar un café o encontrarse con alguien y salir con la sensación de haber recorrido, aunque sea por un rato, distintas geografías, historias y expresiones de la Argentina.

Horarios: Domingos a jueves de 9 a 20 h/ viernes y sábados de 9 a 24h Florida 460